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#VansBookClub – Trainspotting de Irvine Welsh

En 1997, el grunge ya tenía el mismo peso nostálgico que un video de Twisted Sister y el 2000 y su nuevo milenio sonaban a extravagancia de ciencia ficción, si usabas el internet la línea telefónica daba tono de ocupado por horas y la era post-rave vivía sus últimos estertores envueltos en ropa deportivas de Adidas de los setenta que comprábamos en el tianguis de La Lagunilla de los domingos y con aceites y ácidos para aguantar la zapateada por más de doce horas. Los raves de la segunda mitad de los noventa eran buenos momentos para evadir el estrés propio de los que estábamos a punto de cumplir la mayoría de edad según la credencial de elector en México, que vivía su era dorada de la nota roja televisada con programas como Ciudad Desnuda con Rocío Sánchez Azuara y Fuera de la ley, que hacían ver a Pascal Laugier como un slasher de Disney: que carrera estudiar, consigue un trabajo que supere el nivel de vida de tus padres, de que vas a vivir, empieza a ahorrar para que tengas un patrimonio que ofrecerle a tus hijos porque así es la ley de la vida. En 1997 el matrimonio igualitario ni siquiera se pronunciaba y los gays estábamos a salvo de las hipotecas familiares.

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Entonces la Muestra Internacional de Cine traía en su selección  la nueva cinta de Danny Boyle, el mismo director de Shallow Grave o “Tumba al ras de la tierra” como se le conoció en México: Trainspotting.  En Radioactivo 98.5 decían que era la Naranja Mecánica de los 90 y empezaron a programar Born Slippy de Underworld con su melancólica e inconfundible introducción.

Localidades agotadas.

Hasta que conseguí un asiento en el auditorio Horacio Durán de la Facultad de Arquitectura de la UNAM que formaba parte del circuito de salas de la muestra.

Luces apagadas y mi vida no volvió a ser la misma: unos tenis sucios en polvorosa escapando de los policías de Edimburgo sincopado con la batería de Hunt Sales en Lust for Life de Iggy Pop, la canción co-escrita con Bowie mientras la voz de Mark Renton encarnada por Ewan MacGregror nos echaba en cara lo mismo con los que nos atormentaban nuestros padres:

“Elige la vida. Elige un empleo. Elige una carrera. Elige una familia. Elige un televisor grande que te cagas. Elige lavadoras, coches, equipos de compact disc y abrelatas eléctricos. Elige la salud, colesterol bajo y seguros dentales. Elige pagar hipotecas a interés fijo. Elige un piso. Elige a tus amigos. Elige ropa deportiva y maletas a juego. Elige pagar a plazos un traje de marca en una amplia gama de putos telas…”

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Minutos después, un círculo de jóvenes inyectándose heroína y un soundtrack que se convertirían en himnos de una generación, como Renton cavando su propia tumba de un pasón mientras Perfect Day de Lou Reed nos dejaba claro la otra cara de la diversión y los excesos.

Los créditos decían: basada en la novela de Irvine Welsh.

Dado el éxito de la película, Anagrama se apresuró a la complicadísima labor de traducir al castellano del debut literario de Welsh, escrito al ritmo del lenguaje callejero de Escocia, empachado de slangs y referencias locales y una constante reflexión, explícita y seca y directa como un puñetazo en el mentón y un sentido del humor individualista sin concesiones.

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Y así Irvine Welsh se convirtió en una de mis influencias literarias determinantes.

El leer Trainspotting, te dabas cuenta que la película tan sólo era una selección de historias que conformaban acaso el 20% del total de la novela, brutalmente coral, con un desfile de personajes insaciables  y una pluma más desbordada que pulcra, cosa que mejoró Welsh conforme sus títulos fueron aumentando, y que si bien todos giraban alrededor de la heroína y sus estrambóticos intentos por dejarla, en realidad, Welsh destapaba de forma cruel y visceral, los engranajes que hacen que la sociedad y sus hipócritas nociones de éxitos y fracaso sea un monstruoso sistema funcional en donde quizás, la autodestrucción sea la única escapatoria, inyectarse heroína, aunque sea en apariencia:  “La heroína es como si hiciera que las cosas fuesen más reales para mi. La vida es aburrida y fútil. Empezamos con grandes esperanzas y después nos acobardamos. Nos damos cuenta de que todos vamos a morir, sin encontrar realmente las grandes respuestas. Desarrollamos todas esas ideas de largo alcance que se limitan a interpretar la realidad de nuestras vidas de distintas maneras, sin extender nuestro cuerpo de conocimientos que realmente  merecen la pena sobre las grandes cosas, las cosas reales. Básicamente, vivimos una vida corta y decepcionante y a continuación morimos. Llenamos nuestras vidas de mierda de cosas como carreras y relaciones para convencernos a nosotros mismos de que todo carece de sentido. La heroína es una droga honesta porque te arranca esas ilusiones. Con la heroína, cuando te sientes bien, te sientes inmortal. Cuando te sientes mal, intensifica la mierda ya está ahí. Es la única droga realmente honesta. No altera tu estado de conciencia. Sólo te da un momentazo y una sensación de bienestar. Tras eso, ves la miseria del mundo tal cual es y no puedes anestesiarte contra ella!” le dice Mark a su ligue Diane cuando ella le pregunta porqué se inyecta heroína.

La sociedad inventa una lógica falsa y retorcida para absorber y canalizar el comportamiento de la gente cuyo comportamiento está fuera de los cánones mayoritarios. Supongamos que conoces todos los pros y los contras, sabes que vas a tener  una vid acorta, estás en posesión  de tus facultades, etcétera,  etcétera, pero sigues queriendo utilizar  la heroína. No te dejarán hacerlo. No te dejarán hacerlo, porqué lo verían como una señal de su propio fracaso. El hecho de que simplemente elijas rechazar lo que tienen para ofrecerte. Elígenos a nosotros. Elige la vida. Elige pagar hipotecas; elige lavadoras; elige coches…”

Trainspotting fue un libro que echaba abajo las ilusiones. El futuro no es para todos, aunque la publicidad te engañe con lo contrario. Habrá ocasiones en las que por más que te esfuerces, simplemente el agujero se hará más grande y mejor hacerte responsable de tus fracasos antes que la sociedad se divierta contigo haciendo prácticamente lo mismo, marginándote.

Welsh se convirtió en la voz más hiper-realista y urbana de la llamada Generación X, medio anestesiada con las autocomplaciencias naive de Douglas Coupland y siendo el extremo opuesto a la enfermiza burguesía de Breat Easton Ellis.

Elige pudrirte en vida, meándote y cagándote en una residencia, convertido en una puta vergüenza total para los niñotes egoístas y hechos polvo que has traído el mundo. Elige la vida. Pues bien, yo elijo no elegir la vida. Si los muy cabrones no pueden soportarlo, ése es su puto problema. Como dijo Harry Lauder, sólo pretendo continuar así hasta el final del camino…”

Por cierto, una de las observaciones más hija-de-puta me la dio mi padre cuando me comentó su opinión de la película:

“Se dio cuenta que mientras se drogaban, todos eran buenos amigos en el sentido más cursi de la palabra, se ayudaban y procuraban. Pero cuando Mark Rentón decidió que ahora sí se rehabilitaría lo primero que hizo fue robarse el dinero que se suponía era de todos. Se chingó a su propios amigos. Y así se integró a la sociedad…”

Voy a ser como ustedes…  dice Mark Renton mientras camina rumbo al éxito, con la maleta deportiva de billetes, mientras suena Underworld retacaba las bocinas de beats.

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