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“Hay momentos horribles que son divertidos”

MORRISSEY: Autobiografía

Ed. Malpaso 2016-2017

Ahora que el buen Moz ha decidido montar sus amenazas de terrorismo vegetariano previo a su presentación en el Vive Latino 2018, recuerdo que hace mucho, mucho tiempo, mi vato en ese entonces, ex novio mejor dicho hoy, me dijo que no soportaba que yo y cualquiera fuera fanático de Morrissey: “Me caga como ese tipejo se hace millonario a costa de ustedes, bolas de incautos, que se dejan arrastrar por traumas que no les corresponden. Entiendo que pueden identificarse con la tristeza, pero el culto a Morrissey me resulta enfermizo. Están al borde del suicidio colectivo y no se dan cuenta… pero allá ustedes. No se puede ser tan depresivo en la vida y no suicidarte, hay algo de oportunista en eso…

El espectáculo se celebra y cada vez que tocamos en Irlanda – Waterford, Dundalk, Letterkenny, Cork, Limerick—la multitud chilla y se encarama al escenario con un fanatismo fantásticamente retorcido. La cosa es emocionante hasta decir basta” dice Morrissey.

Autobiografía es el nombre de las esperadas memorias del hombre más afligido del rock alternativo, y también más cobarde, tanto como para resistir a pegarse un tiro y terminar de consagrar su melancólica leyenda. Pero el minimalista título nada tiene que ver con la diarrea de barroquismos que lo conforman; digamos que Autobiografía es Frankly Mr. Shankly y Cemetry Gates y Heaven knows im Miserable now y Paint of a vulgar picture y Suedehead pero extendido a casi 500 páginas, y Moz en plan de Cenicienta con trastornos de personalidad border y antidepresivos en lugar de ratones mágicos que le ayudan a sobrevivir; Andy y Mike haciendo de sus malvadas hermanastras y Geoff Travis (el fundado del sello Rough Trade que ficho a los Smiths dese el momento cero) como la madrastra el cuento.

 

 

¿Y Marr? Pongámoslo de príncipe closetero y marido golpeador, como Marlon Brandon en el Tranvía llamado deseo.

Por cierto, que se le conozca como Moz es consecuencia de la broma de Johnny Marr, quién apodaba a Morrissey “Miseria y mozzerías” pues los de Spandau Ballet decían que los Smiths eran unos andrajosos y míseros. Y Morrissey liderando todo esa miseria pop.

Así de afectado y sufrido el libro.

Mi madre decidió llamarme Steven por el actor norteamericano Steve Cochran, muerto en 1965… flaco, fatigado y repleto de angulosidades, mi corazón no dura ni un minuto sin romperse, pero yo soy capaz de alzar la voz . Siento la repentina necesidad de decir algo, pero esta vez se trata de palabras que han de tener un papel primordial. A menos que logre combinar poesía con ruido grabado ¿tengo derecho a existir?..

Lo interesante de este semi-ladrillo, disponible en México y traducido al español gracias a Malpaso, es que pondrá a prueba la supuesta devoción al vocalista de los Smiths, desenmascarando a los posers de los auténticos devoradores de la fatalidad lírica del hombre del copete. En algún momento, los Smiths y Morrissey pasaron de ser nombres de culto a accesorios cool, como los James Joyce del indie, ya saben, que todos los citan pero pocos los dominan con la pasión con la que nos dimos nuestras primeras masturbadas en la adolescencia. O al menos ese fue mi caso: a falta de Playboy para gays, me ponía entre las piernas la portada del The best of… la del vato por supuesto.

Porque no es un libro de fácil digestión, no hay ninguna división de capítulos o un esquema similar que ofrezcan descanso, es un embutido de Morrissey de principio a fin y tu nivel de fanatismo dictará el ritmo de bocados y la primera parte es densa y enmarañada y no lineal, es evidente que quiere dejar claro que no estás ante un cantautor pop del montón, que la prosa embelesada por sus autores favoritos, Edward Lear, Walter de la Mare, Hilaire Belloc, Stevie Smith y desde luego Oscar Wilde es parte de su intelecto, más o menos hay que clavarse en la obra de estos poetas y escritores para desenredar la bola de estambre que es la primera parte, y entonces te preguntas ¿qué es más provechoso, leerlos a ellos o quedarte con Moz?

 

La cosa coge ritmo musical cuando Morrissey descubre a los New York Dolls, su adoración por la banda proto-punk lo lleva a disertaciones interesantes sobre el machismo, aunque por más quiera hacerse el ambiguo sexual, no puede deshacerse de un grado de misoginia disfrazada de asexualidad depresiva y curiosamente los adjetivos que más se repiten son el de atléticamente masculino. Lean el libro para que sus conclusiones del clóset.

El documental de los Smiths arranca cuando Johnny Marr se topa con Morrissey en un concierto de Patti Smith y las aventuras son sugestivas, según Moz, los verdaderos Smiths fuero él y Marr, mientras que Andy y Mike firmaron sólo como testigos cuando la banda se constituyó formalmente, ¿y luego Moz anda chillando porqué las demandas judiciales sólo le caían a él y Marr? Sus inicios en la televisión como extra de la telenovela Coronation Street y como eso inspiró la letra de This Charming man de los Smiths o cuando dice que Tony Wilson los odiaba porque llegaron a robarle fama a New Order y que The Queen is Dead nunca pudo ser número 1 por culpa de Phil Collins.

Me considero fan, muy fan, pero no es sano que cuando no está escuchando a Nico, Iggy Pop o Buffy Saint-Marie, está llorando y ni sus encuentros con Warhol o Michael Stipe lo ponen alegre. ¿Cómo se puede vivir así?

Hace un par de semanas escuchamos por primera vez Spent the Day in Bed, track que formará parte del nuevo álbum del buen Moz, Low in high school, el número 11 de su carrera en solitario, a la venta el próximo noviembre. El último sencillo de su majestad del azote indie puede entenderse como un mensaje subliminal pop que invita a tumbarse en la cama, hacer del mueble terreno fértil para los sueños guajiros y desconectarse de todo dispositivo que difunda noticias, “¡No veas más noticias!”, canta Morrissey, “Porque la novedad contribuye a asustarte, te hace sentir pequeño y solo y que tu mente no es tuya”.

Básicamente es una invitación a que abraces tu miseria y te encierres en una burbuja (o debajo de un escritorio, su lugar preferido para escapar de la realidad, como repite a cada rato en sus memorias y en Sunny) para que el susto de la vida no te consuma y tu mente se regocije en un tus propias.

Por lo visto, quiere ver a Inglaterra aterrada bajo un escritorio.

Theresa May dice que estos ataques ‘no nos quebrarán’, pero vive su vida en una burbuja a prueba de balas y es claro que ella no tendrá que identificar a ningún joven en las morgues de Manchester. ‘No nos quebrarán’ significa que la tragedia no la quebrará a ella, o a sus políticas sobre migración” escribió Morrissey en su cuenta de Facebook tras los atentados en Manchester de Arianna Grande.

En su biografía confiesa, no sin dosis de enunciados y metáforas pomposas, que era fan de Roxy Music y faltaba a clases por no perderse sus conciertos, hasta que Brian Ferry declaró que uno de sus máximos placeres en la vida era comer ternera y de impostor no lo baja.

 

Chale.

A ver, no es un libro malo, pero creo alguien que nunca ha escuchado a los Smiths o el Vauxhall and I encontrará otra historia, porque al terminar la Autobiografía de Morrissey me quedé con un amargo sabor a sospecha, similar al grafito de la punta de los lápices. Parecía tener a mi ex novio diciéndome: “te lo dije”. Y desde siempre me caga que me digan te-lo-dije… Pinche Morrissey, de algún modo termina repitiendo las mismas contradicciones que tanto le reclamó Ferry, pero al menos el líder de Roxy Music no se regodea en sus berrinches.

A estas alturas, desnutrido y tras brotar del suelo equivocado, se que a mucha gente le resulto insoportable y la mayor parte del tiempo entiendo por qué” dice Moz…

Vaya…

@distorsiongay

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