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#VansBookClub En carne viva, Mi viaje con el Wu-Tang Clan: Lamont “U-God” Hawkins

#VansBookClub En carne viva, Mi viaje con el Wu-Tang Clan: Lamont “U-God” Hawkins

Wenceslao Bruciaga 5 febrero, 2019

“Incluso al día de hoy los puños no son mi último recurso, sino el primero” suelta U-God apenas arrancando el libro, en las capítulos atrapados en la infancia y la injusticia del percudido Nueva York setentero.

Son muchos los críticos, y no pocos feligreses, quienes aseguran estamos siendo testtigos de la era dorada del rap, del hiphop y todos sus parientes bastardos, entre ellos el trap y si, el incómodo reaggetón. Puede ser, aunque las rimas de los nuevos raperos ya no hablan de recursos ni puños, o al menos no con la crudeza en los tiempos en que el rap era la lógica extensión, vandálicamente rítimica, de la inevitable realidad negra enganchada a las junglas urbanas cuyo único apoderamiento era el conocer las reglas para arregláterlas en la sobrevivencia, y no el esquirol sonoro en los shows de medio tiempo del superbowl, como accesorio racial a lado de las estrellas principales: un grupo de rock-pop inofensivo y blanco. Por ahí circulan teorías de que la “era dorada del rap” no es más que su blanqueamiento, por lo que su popularidad es proporcional a la accesibiliad deslactosada de las nuevas producciones.

Pero hubo un tiempo en que los papás no querían que sus hijos escucharan esos beatbox humanoides que contabas historias de maestras de escuelas yonquis, mamás adictas a la relaciones destructivas, machismo chapado en oro y traiciones a mano armada que derramaban plomo y sangre sobre al asfalto a plena luz del día, frente a las narices de los policías que apenas si se manchaban los zapatos en esa parte del gueto, la más espesa. Si no había jugosos arrestos de por medio, la violencia de los barrios negros les pasaba de largo.

Justo en ese momento de asfixia económica y distorsión racial arrancan las memorias de U-God, el embajador y último eslabón (como él mismo se describe y coloca) en la milicia gansta del Wu-Tang Clan, uno de los grupos insignia en la historia del hiphop, leyendas vivientes sin las cuales no podría entenderse la identidad del género que ha conquistado una buena parte de la industria musical a tal grado que puede tomar las riendas del mainstream, y que hace algunos años estuvieron en México encabezando el cartel del #HouseofVans.

Recién publicado por Sexto Piso y traducido a un español en glorioso neutral (¡por fin!; nada de trapicheos, hostias y tíos) “En carne viva” es la biografía de tan sólo una de las arterias del Wu, la de Lamont “U-God” Hawkins, un hijo único de madre soltera que sobrevivió a los edificios subvencionados de Staten Island en el que le mariguana jamaiquina y los asaltos eran parte del paisaje (U-God recuerda el día en que Mike Tyson le arrebató el bolso a su madre para echarse a correr), sus habilidades para montarse un negocio manipulando la pureza de la cocaína (que le fueron de gran utilidad al momento de hacer negocios con el resto del Wu), los recuerdos de la cárcel, no muy distintos de los cuartos del hopistal psiquiátrico en el también estuvo interno y desde luego, la llegada al Wu-Tang Clan como punto de inflexión hacia la leyenda, el rescate de las malas decisiones y una redención que golpea la emotividad

Resulta difícil soltar el libro en buena parte por como U-God demuestra su potente habilidad con las palabras, pues además del control del beat silábico (que puede sentirse aún con la acentuación propia del castellano), posee buena pluma para las metáforas que balancean con tremenda fortuna y empatía, el orgullo de macho afroamericano con todos sus madamientos de rectitud meramente patriarcal, algo que para muchos devotos de las deconstrucciones políticamente correctas podría resultarles chocante, con una sensibilidad honesta que no le tiene miedo ni a las balas o los lloriqueos. La descripción de su sentimientos hacia Method Man pone la piel de gallina.

Spoiler alert: siendo el Wu-Tang un colectivo numeroso de múltiple talento intercambiable, cuando el Clan entra en escena en las memorias de U-God, se debe tener en cuenta que es su versión en el marco de una leyenda coral en el que seguramente un mismo hecho tendrá distintas lecturas apegadas a la razón individual y la verdad sujeta a las pasiones personales, por lo que no es recomendable cotejar anécdotas, esto para los fanáticos aguerridos del Wu, y simplemente disfrutar de las historias de U-God fieles al oficio literario y tomando distancias con la romantización académica que a veces le roba sabor al hip-hop.