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El secreto: Selena #Offthewall

Selena sonaba en Torreón casi en la misma frecuencia de reincidencia que Ave María de Stephanie Salas o Silver de Nirvana.

Con Los Dinos, aparecían en las revistas matutinas del canal Telemundo que nos llegaba por el Telecable de la Laguna, solían acaparar la sección de espectáculos de talk shows como los de Maria Laria y eran los invitados especiales de Ocurrió Así con Enrique Gratas, un noticiero a mitad de lo político y lo policiaco. Mis primos manejaban desde McAllen con sus casetes en el auto estéreo y los de Brownsville hablaban de ella como la Madonna del TexMex y así Selena se fue convirtiendo en parte de la vida cotidiana lagunera.

Pero en términos honestos, el éxito de Selena empezó, y se proyectó, en el centro de México casi después de su enredado asesinato, un disparo al interior de una camioneta cometido por quien supuestamente era presidenta del club de fans, administradora de sus tiendas de ropa y supuesta mejor amiga: Yolanda Saldívar. Fue cuando sus canciones empezaron a competir rudo en las estaciones de radio capitalinas especializadas en la salsa, la cumbia y los ritmos norteños y poco a poco se consolidó la leyenda que después encarnaría Jenifer López y así hasta el día de hoy.

Después de eso, el siniestro mundo del espectáculo no se deshizo de ninguna de las dos. Selena Quintanilla se convirtió en un gigantesco ícono del pop chicano volviéndose estandarte político de las complejas identidades fronterizas e incluso heroína feminista, figura de orgullo hispano-mexicano que consagraba el sueño americano supuestamente exclusivo de los blancos; mientras, Saldívar fue enviada a prisión y sigue cumpliendo condena, pero la fama, aunque siniestra, no la ha ignorado. Su figura es motor de morbo para programas de celebridades de nota roja y como sea, está viva para mal que bien disfrutarlo.

Ahora que vi la serie El secreto de Selena, recientemente colgada en la plataforma de Amazon Prime, pude retomar la figura de Selena con sana distancia, la del tiempo y las ideologías en boga y observarla como un personaje mucho más complejo de lo que la nostalgia pop o las re lecturas académicas nos hace creer. De hecho, la serie pudo llevarme a esa Selena de los tiempos de las televisoras hispanoparlantes que apenas se abrían paso al sur de la frontera en los primeros noventa, las de Miami, Los Ángeles y Texas que nos llegaban a Torreón con rítmica familiaridad para de ahí, construir una historia que va de lo luminoso de los reflectores a la oscuridad de la tradición de la televisión de misterio.

Basado en el libro de la periodista y presentadora de televisión María Celeste Arrarás y en la adaptación cinematográfica de cientos de miles de hojas correspondientes a las transcripciones del juicio a Yolanda Saldívar, la serie es, por así decirlo, una reivindicación policiaca de la figura de Selena Quintanilla vista desde las pistas propias de la criminología y no del fanatismo, lo que a su vez incita una serie de lecturas escondidas sobre los entresijos de la industria del entretenimiento y la música y como ante todo esas presiones, Selena pudo sostener una actitud auténticamente #Offthewall que la sitúa en lugar histórico que hoy representa.

Con actuaciones de contensión airosa, sin exageraciones ni muletillas paródicas (sin dudas Dayamanti Quintanar encarnando a una desequilibrada Yolanda Saldívar es demencial de bueno) y un guión a ritmo envolvente que dan prioridad a la profundidad de los personajes por encima del lugar común de las las conclusiones chismosas, la serie ha padecido de adjetivos como de “lenta”, cuando es justo esa ralentización de los acontecimientos –que de alguna u otra manera todos sabemos de primera instancia– lo que dota a El secreto de Selena de una atmósfera inusual (al menos para el universo de Selena) e hipnótica por su minuciosidad en los detalles, rompiendo con los predecibles clichés del género gracias a la atinada selección de los directores a cargo de los capítulos y lo sagazmente arriesgado del guión, aspecto que puede desafiar las convicciones del fanatismo o ponerlo a prueba, según las disposiciones de cada quién.

Como suele ocurrir con los proyectos que gozan de la fama no autorizada (al parecer la familia Quintanilla nunca aprobó esta serie), no se escuchan canciones pertenecientes al playlist oficial de Selena (que tampoco no es que sean difíciles de escuchar en la vid diaria), pero esto lejos de ser un obstáculo resultó un factor que los productores usaron a favor para mostrar el abanico de gustos e influencias que inspiraban su estilo, por ejemplo, pocos saben que Selena era gran fan de los gigantes Pretenders y luego entonces, el soundtrack de la serie está conformado por geniales covers como el que hace a Back on the chain gang con el bien chulo título de Fotos y recuerdos y que para mí, es el más chingón tributo que se le ha hecho a la banda de Chrissy Hynde y esta perspectiva hace de la serie una irresistiblemente #Offthewall.

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