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Jake Phelps entrevistado por Wenceslao Bruciaga

Jake Phelps entrevistado por Wenceslao Bruciaga

RAdeG 14 marzo, 2019

Mi primer trabajo más o menos oficial, fue lavando vasos en el Ciriaco, la cantina en Av. Hidalgo y la Octava, en el centro de Torreón. Me pagaban los domingos, y apenas recibía mi salario, más las propinas de los meseros a quienes ayudaba, corría al legendario local Revistas Juárez, cerca del Palacio Municipal, para comprarme una Thrasher y pasar la tarde de los domingos leyendo sobre patinetas, patinetos sexys, trucos cortesías de J. Mascis, fotos de skaters vomitando y punk a lo NOFX.

Antes de tener una tabla, tuve una Thrasher, revista del visionario, Jake Phelps, auténtico pastor de la tabla que partiendo de un sencillo proto fanzine, terminó fundando Thrasher, toda una institución que con rigor religioso se propuso narrar las aventuras y el pensamiento de la vida sobre trucks y cuatros ruedas. La Thrasher fueron de esas publicaciones que se convierten en guía de crecimiento y te marcan y dan forma a eso que llaman personalidad.

Phelps murió el pasado 14 de marzo de 2019, y ahora que se encuentra rolleando el cosmos (parafraseando a los Babasónicos), recordé la gloriosa entrevista que pude realizarle en 2012, por motivo de una exposición en la Roma que celebraba el 30 aniversario de Thrasher, publicada Sin Embargo. 

Por muchos motivos, melancólicos y devotos, esa conversación significó mucho para mí. Y ni que decir de su aportación en el mundo de la patineta. A manera de tributo al Phelper, reproducimos aquella entrevista cortesía de Sin Embargo, ¡gracias Rita Varela por darnos chance! Y gracias Jake por no dejarme solo en esos aburridos y calurosos domingos laguneros.

Wenceslao Bruciaga


LA PATINETA ES UNA MALDICIÓN, UNA CICATRIZ: 30 AÑOS DE THRASHER MAGAZINE

Recientemente, SinEmbargoMx conversó con el editor y el fundador de aquella mítica, icónica revista del mundo de las patinetas y las rampas: Thrasher Magazine, que de alguna manera ha marcado varias generaciones de adolescentes que vieron en la patineta una forma de rebeldía. Y muchos de ellos acabaron por adoptarla como forma de vida. Y es que este 2012 se cumplen 30 años de Thrasher. En la Ciudad de México hubo una lamentablemente efímera exposición itinerante como parte de la celebración. 30 years of Thrasher Magazine, art and photo show, una retrospectiva visual sobre la evolución de una simple tabla con cuatro ruedas debajo y la revista que vio en ella algo más que un deporte extremo, llevándola a niveles de contracultura que ha logrado deslizarse a lo largo de tres décadas y el asfalto sigue.

Jake Phelps
Jake Phelps está sentado sobre un sillón, junto a la puerta de entrada de la galería FIFTY24MX en la colonia Roma. Lleva una de esas camisas de béisbol con botones de los Giants, gafas de montura de pasta y encima de estos otros anteojos oscuros en forma de corazón. Tiene un calcetín puesto en el codo izquierdo. No pasa desapercibido. No sólo porque es el tipo más excéntrico y con la mirada más desviada del salón, después de todo es la leyenda en el mundo de las patinetas. Para muchos, es un acontecimiento tenerlo así de cerca, como su aliento:

“Te voy a decir la verdad sin rodeos: el skateboarding es una maldición. Lo encuentras y crees que ya tienes todo bajo control y piensas ah soy muy bueno en esto, y vas patinando por la calle esquivando gente con bolsas del súper en la banqueta, con la lluvia, y de repente rompes una botella y te cortas la muñeca o algo así. Puedes pensar que ya tienes todo bajo control pero no es cierto. Es una elección, un modo de vivir a falta de una mejor palabra que defina su sentimiento. Pero diría más que nada que es como una cicatriz y la gente lo ve y dice `ouch´ eso debe a doler. Todo el mundo tiene su propia historia con el skate y por eso es tan radical para mí”, dice Jake Phelps, editor de la revista Thrasher y guitarrista de los Bad Shit, banda de hardcore.

Bebe una cerveza oscura con una tranquilidad somnífera, que rompe con el ajetreo del resto de la gente en la galería que corre desquiciada de un lado a otro. Hay nerviosismo y expectación. Por la futura exposición y por la fiesta de la noche que será en la que tocarán los Bad Shit de hecho. Debe ser la una de la tarde con 10 minutos y Phelps ya está más que ebrio. Por momentos es difícil entenderle, balbucea y la verdad es que no sabes si va a contestarte amablemente o te sorrajara un puñetazo. Es de alguna manera la representación física de 50 años del espíritu de Thrasher magazine.

Phelps debió haber ingresado a la revista por ahí de 1984: “Por entonces recuerdo estar drogado y haciendo locuras, patinando y pasándomela bien” dice.

Thrasher no sólo es una revista sobre patinadores y patinetas. Para empezar fue la primera. Surgió en 1981, en medio de una ebullición cultural, casi inseparable del escenario urbano, dónde nacían géneros como el hip-hop, el punk se resistía a desaparecer del todo y descubría una forma de sobrevivencia en el hardcore, el grafitti se apoderaba con más ingenio de los muros de las calles. Los ochenta no sólo fueron 10 años de una moda accidentada y pasos de baile de Michael Jackson. Sin embargo, el propio nombre de la revista habla mucho de cómo era la percepción por ese entonces de las patinetas: un basurero.

El hecho de que Thrasher sea apreciada actualmente como algo mucho más que una simple publicación mensual (su tipografía, el conjunto de sus letras son ícono y estandarte de la cultura skate) es porque desde ese 1981 vio que las patinetas no era algo tan simple como un deporte o una distracción física para pasar las tardes. Thrasher se dispuso a redactar la realidad más impúdica y cruda de las patinetas:

“En la era más oscura del skateboarding los policías sólo querían atraparte. Creo que… la originalidad, quizás la genialidad de Thrasher es que imprimimos el realismo de cómo vives tu vida, los límites que yo tengo no son los mismos que los que tienen otras personas. Yo tiré mi vida por la borda, tengo 50 años, no tengo un plan de retiro y está bien, esto fue lo que pasó y la patineta siempre estuvo ahí, eso es Thrahser”, reflexiona Jake Phelps.

Después de 30 años ya no es así. Hoy día la línea de los patinetos entre vándalos y rockstars es muy delgada.

Su popularización se ha incrementado y expandido a lo ancho del mundo con la misma velocidad de la globalización en la era de la internet. En un curioso estudio realizado entre la Simmons Market Research Bureau’s, American Sports Data, Inc. y la Editors of American Demographics, reportaban al 2002 una población de 18.5 millones de patinetos en todo el mundo, 85% de ellos menores de 18 años y 74% eran hombres.

“Muchos skaters, sobre todo colegas ancianos como yo, ven este fenómeno mainstream de la patineta como algo malo para la “cultura”, yo creo que es bueno para la gente como nosotros que podemos flotar y hacer lo nuestro”, dice Jake Phelps, cada vez más borracho.

Phelps es alto y con los músculos macizos, aunque con evidentes cicatrices que reflejan el consumo de alcohol, drogas y recuerdos de caídas que debieron ser estrepitosas, sangrientas. Lleva bermudas. Si se le viera a unas tres habitaciones de distancia (habitaciones típicas de una casona de la colonia Roma), pareciera un adolescente correoso adicto a vagabundear con su tabla. Hay algo de un eterno espíritu adolescente en la cultura skate. Se suele descubrir y hacer los primeros intentos sobre una tabla alrededor de los 11, 12 años, de ahí que uno de los consumidores más fieles, que mes con mes acuden religiosamente a comprar su Thrasher sean los alumnos de la secundaria. Pero aquellos que lo adoptan como una profesión parecen quedar atrapados en esa vestimenta juvenil de las bermudas, las gorras de béisbol, las camisetas de bandas de rock, los tenis, para siempre.

Jake quiere agregar algo respeto a la masificación casi mundial de las patinetas: “lo que pasa es que se ha convertido en algo mucho más común, popular. Una vez que el rock punk se vendió como con Green Day, ok, le copiaron a los Buzzcocks, bueno, pues…” no logra concentrarse del todo. Sí que se le ha subido el alcohol.

“Creo que se podría decir que es más popular ahora porque más gente lo hace, pero creo que la esencia del skateboarding es aún algo underground. Es aún esta contracultura, como el estilo de vida de “vete al diablo”, así que no es para todo el mundo” dice Tony Vitello, quién me dice que Phelps ya está muy borracho, hace un movimiento con sus dedos y el pulgar en señal de blah blah blah y me conduce a otro cuarto para conversar más tranquilos.

¿Por qué decías que el skate es una contracultura no apta para todo el mundo?
Bueno, ve los deportes típicos en los que participa la gente. Muchos de ellos están dirigidos a ser parte de un equipo, tener una estructura, reglas y normas, y mucha gente necesita eso, quieren ponerse el mismo uniforme que alguien más y quieren que alguien les diga lo que pueden o no hacer. Creo que los skateboarders son personas que quieren crear sus propias reglas o vivir sin reglas y hacer lo que quieran cuando quieran.

¿Tal vez por lo mismo el skateboarding se lleva tan bien con la cultura punk?
Sí, por esa razón skateboarding y la música punk han ido tan de la mano, lo mismo con el hip hop hop. Es una expresión de las calles, y a medida en que el skateboarding callejero se empezó a volver más popular y a desarrollar entonces más gente comenzó a escuchar música hip hop. Un skateboarder puede ser de cualquier cultura, cualquier clase social, es un estado de ánimo, y la gente escucha de todo, escuchan todo tipo de música, leen cualquier tipo de libros, ven cualquier tipo de show de televisión. No puedes categorizarlos necesariamente, simplemente son skateboarders.

Pero después de todo, una revista no deja de ser una empresa, un modelo corporativo, no hay nada más anti punk que eso…Somos una familia con un negocio, no somos un corporativo, podemos hacer las cosas de una manera costeable.

¿Cómo costeas una revista así dado los turbulentos tiempos económicos que atraviesa Estados Unidos?
La parte más difícil es que la economía en EE.UU. y la global en general no es tan fuerte como lo era en el pasado, por lo que es difícil para todos no solamente para nosotros. Hay algunas revistas que no han podido hacer la transición de ser una revista a ser una compañía mediática. A lo que me refiero es que tú puedes ser una revista, pero hoy en día necesitas ser más, ser una compañía mediática. Muchas empresas no han podido hacer la transición y están teniendo más problemas.

En 31 años ¿cómo ha evolucionado el skateboarding?
Está constantemente cambiando y girando. En estos tiempos hay una comunidad de skateboarding global mucho más grande, hay más acceso a la información que antes. Cuando era niño había cintas VHS, las ponías o leías la revista Thrasher y esa era la información de skateboarding que había. Hoy en día, estás constantemente bombardeado de más información. Hay niños en Europa del este, en México, que nunca han tenido acceso a la cultura skate antes y ahora están recibiendo más información. Creo que habrá mucho más gente patinando en el futuro, ya que más gente se está involucrando y se están juntando diferentes perspectivas, se mezclan actitudes y estilos de vida. Es difícil predecir exactamente hacia dónde va esto, las cosas cambian muy rápido en el skateboarding.

Thrasher fue la primera revista de patinetas pero hoy no es la única ¿Cuál es la diferencia de Thrasher Magazine en comparación con las otras revistas de skateboarding?
Simplemente el nombre Thrasher, en sí mismo, representa una actitud, y está mucho más relacionado con la cultura skate que con solamente el skateboarding. Siempre hemos incluido en la revista entrevistas de música y me gustan los grupos que escuchan los skateboarders, hay una actitud que se transmite en los artículos. No me gusta utilizar la palabra “atrevido”, pero sí es más atrevida, más desafiante que otras revistas. Es para cualquiera que patine, cualquiera que ame patinar va a apreciar la revista. Es decir hay competencia pero creo que el mensaje de Thrasher es bastante consistente y no tenemos planes de cambiar eso. Para mi la actitud se mantiene igual pero quiero mejorar el producto que presentamos constantemente, siempre podemos hacerlo mejor. Espero que en el futuro Thrasher crezca a un nivel global, quiero que los niños en todos lados puedan tener acceso a ella, eso es importante para mí. Al mismo tiempo nuestro mensaje no va a cambiar. Creo que los últimos 30 años y pico se ha comprobado que es un mensaje que los skateboarders valoran, así que pienso que vamos a estar bien si seguimos haciendo las cosas como las hemos estado haciendo.

¿Para Thrasher que es el skateboarding, un deporte extremo, una pasión, estilo de vida, qué es?
Yo no le llamaría un deporte necesariamente y no me gusta la perspectiva de que es un deporte extremo. Para mí es simplemente algo que haces, una actividad, una pasión que tienes, un hobby, y es básicamente un juguete. Puede ser un juguete para un adulto o para un niño, es un medio de transporte, es una forma de sentirte libre, puedes subirte a tu patineta y el mundo es tuyo, puedes hacer lo que quieras.

¿La patineta es un fenómeno inevitablemente urbano?
Es más una expresión urbana como en la Ciudad de México, donde estás constantemente moviéndote por el paisaje urbano. Yo nací en San Francisco y toda mi vida he estado patinando en la ciudad, tengo una perspectiva diferente del skateboarding. Para mí lo más importante es subirme a mi patineta y zigzaguear entre los coches y entre el tráfico, entre los peatones en las calles, para mí es una expresión urbana. Las personas que han crecido en lugares fuera de la ciudad tienen un parque de skate y en lugar de patinar de un lugar a otro, manejan al parque y patinan ahí. Así que depende de dónde estás, depende de tu ubicación.

Parece que la tabla sólo la agarran los machos rudos ¿y las chicas?
Creo que es para todos. Puede ser para todos. La mayoría de los skateboarders son hombres, es una actividad masculina. Pero hoy en día se está volviendo más y más popular, y ves a mucha gente diferente participando, no sólo mujeres, personas de culturas diferentes y clases sociales diferentes. Hay hasta gente mayor aprendiendo a patinar, en una etapa de la vida ya tarde.

¿La patineta es una aportación de los Estados Unidos para el mundo?
Comenzó en Norteamérica y creció en Norteamérica, pero es una expresión para cualquiera, en cualquier parte. A veces creo que podrías decir que en Norteamérica la tenemos más fácil: calles pavimentadas, tenemos hoyos y llanuras, hay muchos parques skates, es más fácil salir y solamente patinar. Pero creo que alguien de México en que tienen que esforzarse por trabajar, caminar, para encontrar una superficie para patinar lo desean mucho más, y es mucho más importante para ellos.

¿Es decir que la infraestructura de las ciudades puede determinar cierto estilo de patinar?
Desde luego, todo el mundo es producto de su propio medio ambiente y los skateboarders superan su cultura local y se desarrollan en los lugares donde patinan y en el terreno donde experimentan diariamente y eso es algo impresionante. Por lo tanto se van a tener diferentes estilos y perspectivas en todos lados, alrededor de nosotros.

¿Es tu primera vez en México, cuál es tu impresión?
En efecto esta es mi primera vez y me encanta. Me gusta sentir como su locura, que está activa todo el tiempo, me alimento del caos. San Francisco, no diría que es como México, pero también es un área con una población muy grande, como en México y hay muchas cosas pasando todo el tiempo, ves cosas raras. No conozco México lo suficiente pero lo que me gusta de San Francisco es que puedes hacer lo que quieras hacer y me gusta eso, lo aprecio, porque yo no juzgo nada. La gente puede hacer lo que quiera y me gusta ver eso, es algo bueno y la gente debería de poder hacer lo suyo, mientras no lastimen a nadie, eso es importante para mí. Habiendo crecido en San Francisco soy muy liberal, y valoro la oportunidad de ser tú mismo, ese me permite sentir que no conozco la Ciudad de México lo suficiente aún, pero creo que aquí también probablemente puedes hacer lo que quieras.

¿Ya has tenido la oportunidad de ver a skaters mexicanos?
Hemos visto a muchos sí. En una primera impresión muy elemental es que probablemente a la gente se le hace difícil patinar en algunas de las calles. Las calles están descuidadas y en EE.UU estamos muy consentidos, todo es muy suave ¿sabes? Es muy fácil patinar de una cuadra a otra. Ves a mucha gente patinar como medio de transporte y moviéndose así, en México vas a determinados lugares y ves a mucha gente. Anoche fuimos a un parque skate debajo de un puente, había muchos patinando. Así que he visto a muchos skateboarders. Me gusta la planeación de la ciudad, tengo familia en Buenos Aires, Argentina y alguna de las planeaciones urbanas, muchas plazas, mucho verde, árboles, me gusta. Me gustan las planeaciones urbanas de las ciudades latinas, las plazas y los bulevares con árboles en filas.

¿Qué importancia tiene la música para tí?
La música es como la segunda emoción después de la tabla. Es algo que te emociona, te aviva, la música te alimenta, a mi me aviva la música, me hace recordar buenos tiempos, recordar cosas. Estaba pensando eso el otro día, ¿si escuchará hoy a AC/DC por primera vez me gustaría? Por que lo he escuchado toda mi vida, no lo sé. Escuchas toda la porquería hoy que ponen en la radio y es sólo rap y sludge y cosas así que para mí no es real, y por eso me pongo a pensar en los buenos tiempos. Skateboarding y la música son la fábrica de mi vida” dice Phelps antes de subir al escenario.


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