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#VansBookClub Aprende a amar el plástico: entrevista con Carlos Velázquez

Podía decir que el Velázquez es un rockero atrapado en el cuerpo de un escritor, el más macizo de la estepa norteña según la crítica contemporánea. Pero recuerdo que a mitad de la presentación de los Kills en un Corona Capital, ya pedos y yo con la tacha a punto de estallar, llegamos a la conclusión de que para el grado de melomanomanía patológica que nos cargábamos, estábamos condenados a nadar en el sudor del público. La única forma de disfrutar la música como se debe. El escenario y el glamur del backstage no eran para yonquis musicales como nosotros, y mucho menos para el Carlos, de las plumas más asertivas en el actual panorama de las letras mexicanas (y latinas) y que en su más reciente libro, “Aprende a amar el plástico” editado este 2019 por Cal y Arena, deja claro, arrastrado por el cinismo sagaz propio de la madurez, porqué.

A propósito de este nuevo título ya disponible en librerías, conversamos con el @charfornication sobre el estado de la crónica en México, conciertos y las playeras mas pinches feas que existen en la historia del rock:

En la portada de Aprende a amar el plástico aperece la ultrafamosa camiseta de los Ramones diseñada por Arturo Vega (quien por cierto también es norteño, de Chihuahua) y no una de los Sex Pistols, ¿que tenían los Ramones que nunca tuvo la banda de Rotten? O de Malcom McLaren mejor dicho…

Grail Marcus dijo que el punk era ante todo una experiencia intelectual. Pero McLaren pretendió hacer de los Pistols una experiencia estética. Y lo fueron al principio. Los Ramones veían la música como un fin. Los Pistols como un medio. Los Ramones se convirtieron en un símbolo. Los Pistols quedaron como una ruina arqueológica. La  historia de Syd Vicious es como la leyenda de William S. Burroughs. Pero como a tí, a mí también me influenció más el trabajo de PiL que el Never Mind The Bollocks. Los Ramones también tuvieron a su maldito. Dee Dee, quien murió de un pasón de heroína ya ruco, lo cual es doblemente triste. No dejó un cuerpo joven. Pero más allá de la degradación, los Ramones fueron la mejor banda del mundo. Su legado musical es infinitamente más grande. Y nunca les faltó ni un gramo de actitud.

Dices en tu crónica “Darks de boutique” que nunca habías visto playeras tan pinches feas como la de los puestos de souvernirs afuera del concierto de The Cure. Yo dirían que les ganan las de LadyGaga pero bueno… ¿cuál sería tu playera perfecta?

La playera de rock tiene una función en el imaginario colectivo. Te conecta con gente extraña. Si dos personas se encuentran y traen playeras de Slayer, se reconocen. La playera negra te hace formar parte de una legión. No importa si el otro te caga o no comparte tu manera de pensar, el gusto musical crea una conexión entre ambos. Esto era distintivo del rock porque era una corriente marginal y una manera de identificar a otro marginado. En el caso de Gaga ahí pierde toda su significación porque la playera ya no se trata de la exclusión sino de la publicidad de un objeto pop. En el norte, con 45 grados a la sombra, portar la playera negra es una verdadera muestra de compromiso ideológico. En la actualidad hay materiales que hacen más tolerable usar la playera de las bandas, pero no son tan oscuras como ese negro de las playeras piratas. Sofocarse del puto calor es parte de tu gusto musical. Mi playera perfecta es aquella que tiene a Johnny Cash tirándote dedo con la actitud de hijo de puta.

Una buena parte del libro se nutre de crónicas de conciertos, ¿quién ha sido uno o unos de tus mentores en este rubro y porqué?

Mi mentor en la crónica en general, incluida la del concierto, es el doctor en periodismo Hunter S. Thompson. Cuando vi Almost Famous por primera vez me conmoví muchísimo porque yo quería ser William Miller cuando tenía 17 años. Pero en Torreón, pfff. Escribías de bandas como la BB, Niño y se te acababa el material. En La Laguna lo que obedecía era volverte crítico de cumbia. Entonces me fui a la ficción. Y pensé que ahí me quedaría para siempre pero cuando Rulo me dio la columna en Frente comencé a soltarme con pequeñas postales cotidianas. Ahí mismo Rulo me comenzó a dar boletos para que fuera a cubrir conciertos. Y al momento de cumplir la tarea decidí hacerlo de la manera más personal posible. Me decía nadie quiere otra crítica de concierto informativa y frígida. Y fue así como empecé a contar lo que me ocurría en los toquines. Yo sé que con la avalancha de la no-ficción ahora se volverá a la tercera persona. Sin embargo, creo que aunque también ya estamos en la fase de otra vez Velázquez contándonos como se droga en el Ceremonia, creo que el estilo te ayuda a sobresalir del resto. Si mis textos divierten al lector me doy por satisfecho.

¿Cuál ha sido la mejor crónica que has leido sobre un concierto y porqué? 

Más que crónica lo que me encantan son los perfiles. De esos Rolling Stone está plagado. Pero uno que tengo siempre muy presente es el de David Remnick sobre Bruce Springsteen. Aquí hay gente que escribe muy bien sobre música. Me gustan la crónica que hizo Rogelio Garza sobre el último concierto de Nick Cave en nuestro país y el texto sobre Dylan de Sergio Zurita. Toda la década del 2000 leí cada jueves el suplemento NO de Página 12 y me empapé de mucha escritura musical. Uno de mis escritores favoritos de música es Yumber Vera, un caraqueño que vive en Buenos Aires. De él me gustaría ver pronto un libro con una selección de sus crónicas. Creo que la crónica del concierto en México está algo estancada. Es muy superficial. Se entiende un poco, la falta de espacio es mortal. Pero casi todo lo que leo está demasiado soso. Parece de manual. Y hay muy buenas plumas, pero están en otras cosas. Rulo es un ejemplo.  

¿Con qué parámetro escogiste los textos para Aprende a amar el plástico?

Aprende a amar el plástico se armó por pedido expreso de un editor en Bolivia. Decidí incluir lo mejor de todo lo que había escrito desde el 2011 a la fecha. Pudo quedar un libro más choncho pero quería que el lector se quedara con ganas de más y no que acabara empachado. Lo chido de publicar este libro a los 41 es que ya me permite tomar distancia de los textos. Si tuviera 17 seguro mi entusiasmo me impediría tener el criterio suficiente para cercenar lo que debe ser cercenado. Ya no me enamoro de mis textos. Es como enamorarse de casa puñeta y pues entonces no acaba uno nunca. No incluye ninguna de mis crónicas aparecidas en la Revista Sexto Piso. Eso será otro libro, que ya tiene título: Confundiendo mis deseos de destrucción con el rock. Me encanta el título porque es una referencia a Matando enanos a garrotazos. Existe una regla no escrita que dice que no debes poner un gerundio en un título. Alberto Laiseca y como un tributo a él yo voy a repetir su osadía. La frase es de una canción de la banda de garage Pellejos.

En estos días son muchos los que le juegan al cronista, de conciertos y en general. Para ti: ¿que hace que la crónica de un concierto sea buena, que valga la pena?

Como mencionaba hace dos preguntas, la crónica de concierto está demasiado anquilosada. Lo políticamente correcto la ha echado a perder. Con tal de no perder su lugar en la sección de espectáculos el reportero no hace reseñas negativas. Yo por ejemplo estoy vetado en Ocesa. Y cada evento que quiero cubrir tengo que costeármelo yo mismo. Pero no estar acreditado te da toda la libertad posible para escribir lo que quieras sin temor a que te miren feo. O si de plano no quieres escribir nada tampoco adquieres un compromiso. Cuando Hunter S. Thompson no cubrió la pelea de Ali, Wenner, el directo de Rolling Stone le hizo regresarle más de 300 dólares por gastos de hotel. Es mejor no depender de nadie. Y decir la verdad: que en este país los conciertos son una mierda operativamente y que los costos de los boletos se están elevando de manera irracional. Para mí una crónica buena es la que cuenta lo que ocurrió sin lamerle las suelas a nadie.

Carlos Velázquez, Rogelio Garza, Wenceslao Bruciaga, o por qué usar playeras de bandas es sólo una actividad para domingo.

En general, la crónica se ha popularizado a niveles tan desproporcionados que por momentos me da la impresión que se pierde el autocontrol del ego con tal de hacerle al periodismo gonzo, ¿cual sería tu diagnóstico actual de la crónica en México?

Hoy muchos chavos quieren escribir sobre rock y sobre cómo se ponen hasta la madre en un concierto o con alguna banda en el backstage. Lo cual no me parece reprobable, qué mejor. Son adeptos a nuestra religión. Podría ser peor. Podrían estar escribiendo sobre Maluma. La mitología es algo capital dentro del rock. Pero desafortunadamente estos émulos del gonzo no toman en cuenta que los grandes periodistas de rock era lectores consumados. Y eso se reflejaba en su prosa. Yo cada vez que leo un artículo de un principiante me siento terriblemente decepcionado de que el prospecto no sepa usar las putas comas. Sí me vas a contar que te vomitaste, está bien, pero hazlo con gracia. Hazlo con conocimiento del idioma. Y por otro lado me parece que se tiende a apropiarse del título de crítico gente que sólo son opinólogos. Como Juan Carlo Hidalgo, por ejemplo, que lo mismo le aplaude un día a Natalia Lafourcade (que no es rock) que a un rapero. Hay que tener convicciones, carajo.

Tus modelos de Vans favoritos…

Los Vans de Bowie. Pero no me los compraré para mí, se los compraré a mi hija. Aunque sí recuerdo unos Vans negros que me compré con el Güero Army cuando estaba en la prepa.   

  

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