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#VansBookClub el verano peligroso de Adrian Román

#VansBookClub el verano peligroso de Adrian Román

Wenceslao Bruciaga 11 julio, 2019

“No lo hago por dinero, pero si. Y claro que lo hago por acostarme con mujeres. Toda la vida he pensado que me llevaré a una a la cama por la forma en la que escribo. Soy iluso y soberbio. Escribo porque me sale de las entrañas. Por el coraje que me da haber andado millones de días sin un peso en la bolsa. Escribo porque durante noches enteras me he consumido en el amor propio. En creer que soy el mejor. Aunque no sea cierto. Para mí lo soy, porque escribo lo mejor que puedo…”

Con esa honestidad libertaria, egocéntrica y agridulce, abre el cronista Adrián Roman “La noche del sandunga“, editado por El salario del miedo, la editorial de JM Servín especializada en una peculiar vertiente del llamado periodismo gonzo, una encausada en la búsqueda fetichista del detalle urbano, esas cuarteaduras invisbles en las aspiraciones de muchos ciudadanos que prefieren evadirlas para no estropear sus fantasías bananeras, pero que en su decadnte insolencia contribuyen a la identidad de las ciudades.

Porque este es el el verano de Adrián Román, pues dos títulos suyos recién han sido colocados en las mesas de novedades de las librerías casi de manera simultánea, sin estar planeado por un despacho de marketing, y cuyas casas editoriales empiezan a reinventar el panorama de los sellos independientes en México que proponen lecturas arriesgadas a diferencia de las novedades de los grandes nombres de las letras industrializadas. Labor titánica en estos días de incertidumbre cultural.

Pues ese estilo a flor del pavimento que captura Adrián Román, El negro, como le conocen en su círculo más cómplice, es el que permea las descripciones de su libro del Sanduga, y que da continuidad en la “Pinche Paleta Payaso”, otra compilación de crónicas lanzada por la discográfica y sello editorial Discos Cuchillo (en cuyo catálogo se encuentran artistas como Belafonte Sensacional), aunque en Cuchillo su observación de las ciudades se desvía de la vivencia del gonzo para explorar el autodiagnóstico de la melancolía pavimentada de concreto, deseo, sangre y cocaína, con una potencia sentimental conmovedora.

En la “Pinche Paleta Payaso” (el título es una especie de homenaje al apodo que le concedió el escritor Carlos Velázquez), Adrián escribe deambulando entre la documentación precisa y caústica de barrios de distintas partes del mundo, los recuerdos contaminados de smog y la confesión nostálgica, a diferencia de “La noche del sandunga” en el que la narrativa contiene la fuerza propia de los ganchos de box.

Román es un cronista cuyo talento y pluma se han forjado al recorrer las banquetas sin prejuicios y con goce pocas veces leídas, dado que las crónicas suelen estar escritas sin la verticalidad de esos autores en el que el paisaje tiende a verse como turista pagado safaris extremos en el que la libreta de anotaciones se mantiene a salvo desde una valentía pudiente, nada que ver con las duras palabras de El Negro, como las que pueden leerse al principio de la “Pinche Paleta Payaso”: “Sin trabajo, sin mujer que me consolara, vivía con mi abuela y, para colmo, no podía conciliar el sueño porque no tenía un toque. Había días en que no comía, noches que prefería dormir en la calle, en compañía de un grupo de indigentes a las puertas del metro, en la Plaza Garibaldi…”

Las esquinas empolvadas segundos después del terremoto de la CDMX del 2017, leyendas del boxeo, tianguis, raperos de cuidado, viajes a festivales de electrónica hipster o prostitutas en bars del centro de Buenos Aires, son algunas de las tramas que El Negro explora en estos dos títulos ya disponibles en librerías y que definitivamente son excelentes opciones para sobrevivir al verano, por lo sudoroso de sus descripciones, pero sobretodo por lo boutique de ambas ediciones, compactas, de bolsillo, cómodas para leer en una banca de parque o una mesa con la cerveza helada frente, y de portadas muy agradables a la vista por lo calculado de su diseño.