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Recuerdos de una tarde en el Vans BMX Pro Cup

Son el Dany, el Peter y el Chuy. Me cuentan viven a unas cuantas cuadras de aquí, en algún punto entre el Skate Park de la Magdalena Mixuca, también conocido como Metro Puebla 2, y el Metro Pantitlán. Este parque de patinetas es algo habitual para ellos, dónde pasan las tardes, sobretodo los fines de semana. Pero hoy es un día especial. Vienen persiguiendo el torneo desde que supieron de él en redes sociales hace algunos años, pero no podían costearse un boleto hasta Guadalajara. Tampoco les habrían dado permiso. Rondan los 16 0 17 años y las cosas no andan del todo bien como para viajes en carretera. Por eso cuando se enteraron que el torneo se llevaría a ca Llegaron casi apenas abrieron las puertas del evento para agarrar buenos lugares y tomar nota y beber refrescos más o menos fríos. Quieren dedicarse profesionalmente al ciclismo BMX, están ahorrando para hacerse de unas bicicletas profesionales con las que puedan deslizarse con fluidez por las rampas. El Peter dice que tiene una, pero los ruedas no son tan adecuadas para resistir la caídas.

Por el momento no importa mucho, están atentos a la exhibición de los participantes, sobretodo las de Larry Edgar, una de las estrellas contendientes desde la costa Californiana y que para devotos como el Dany, El Peter y el Chuy, es una auténtica leyenda viva, se concentran en los detalles más mínimo, ilusionarse con la posibilidad de imitar uno que otro salto que algún día los lleve a ocupar un lugar dentro del torneo; casi toman nota como si estuvieran en una máster class.

De algún modo, lo es.

Lo que se respira entre el calor del día, el de los asistentes y el rechinar de las llantas, es una combinación de expectante ilusión, adrenalina e inspiración que se deslizan sobre el icónico sidestripe.

Después de esta tarde, la vida de muchos podría cambiar.

Para siempre.

Es sábado alrededor de las dos de la tarde. La entrada es libre para las semifinales del Vans BMX Pro Cup y el sol tuesta las pieles de los asistentes que son parte de una fiesta que aumenta las expectativas conforme los contendientes van apoderándose del terreno de competición.

Por ahí se ven familias enteras formándose para un turno de los aros, similar a los clásicos juegos de feria con la diferencia que los aros debían lanzarse a cierta distancia sobre algunos manubrios de bicicleta que giraban sobre su propio eje.

También se pueden montar la estructura de una bicicleta sujetada sobre un sistema de resortes para vivir cómicas experiencias, una variación punk de los clásicos toros mecánicos de rodeo. A una chica se le enredan las piernas y cae de espaldas y por la forma en como se estrellan sus mejillas sobre el colchón parece que sus amigas tendrán un ataque de epilepsia de tantas carcajadas.

En la entrada reservada para las personas del Staff hay una señora queriendo cazar autógrafos para el casco protector de su hijo, el pequeño es tímido y su madre parece dispuesta a todo por cruzar las barreras del backstage. Me dice que si puede hacerse pasar por mi esposa cuando me ve atravesar con la pulsera morada enseñándosela a la guardia de seguridad, pero le digo que es muy poco probable que me crean puesto que soy gay,

Detrás del trío que recién conocí, hay un chico que debe rondar la misma edad que el Dany, Peter y Chuy, también vecino de la colonia frente al Skate Park, sólo que acompañado de un pequeño que sentado, debe llegarle poco arriba de la cintura. También está fascinado, aplaude con un entusiasmo extasiado y enternecedor cada que Jason Watts hace piruetas sobre las rampas principales. Su asombro es capaz de conseguir la paz mundial. Son hermanos y ese sábado de semifinales es el cumpleaños del menor: sus primeros cuatro años. Me cuenta que sus padres trabajan por la mañana, momento que aprovecharon para perder el tiempo en lo que regresaban con las cajas de refrescos y el pastel, el patio de su casa ya quedó listo con las mesas cubiertas de manteles de colores y gos en el techo. De hecho, el hermano mayor checa su reloj y dice que deben volver en cualquier momento, lo más probable es que se preocupen si nos los encuentran a pesar de los mensajes en el celular.

Pero el pequeño le dice a su hermano que si pueden quedarse un ratito más. En verdad lo está disfrutando. Empieza a fantasear con la posibilidad de pedir una bicicleta de cumpleaños y hacer piruetas en el patio de su casa. Su hermano parece estresado con volver a casa y se despida mientras el pequeño agita entusiasmado una de las banderillas de Vans que regalan a los asistentes. Me dice adiós sin despegar la mirada de la pista.

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