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#VansBookClub Mis modelos de conducta, John Waters

#VansBookClub Mis modelos de conducta, John Waters

Wenceslao Bruciaga 2 septiembre, 2019

Uno de los epicentros culturales más influyentes y efervescentes de la Ciudad de México, el Cine Tonalá, celebra en septiembre su séptimo aniversario y para ello, traerán en exclusiva al padre del trash y padrino excelso del mal gusto, John Waters. La pregunta no es ociosa: ¿existirá algún millenial despistado que a estas alturas y estos tiempos de indigestión pop no sepa quien es John Waters?

Ilustración: Blumpi

Conozco a varios que apenas lo descubrieron, de cuando fue jurado del reality de RuPaul Drag Race, aquel capítulo en la temporada 7 en el que los concursantes tuvieron que hacer un sketch musical parodiando escenas de sus películas Female Trouble y la encantadora y repugnante Pink Flamingos.

Un reto que era una prueba de vida o muerte puesto que ambas películas son en sí mismas una parodia, y de las extremas. Buena parte de los fanáticos del reality, sin distinciones generacionales cabe aclarar,  la curiosidad sólo les dio para asimilar el recuerdo mediático de Waters en redes sociales y dejarse llevar por la pasión visceral de las dragas.

Nunca indagaron, más allá de las referencias instantáneas. Los fans de RuPaul y mucha gente ya no lee con la paciencia que requiere un libro. La información, los conocimientos, incluso las perversiones, se obtiene casi en su totalidad mediante la velocidad del internet y su tirana vigencia:

“Nunca deberían leer sólo por placer. ¡Lean para ser más inteligentes! Menos sentenciosos.  Más capaces para comprender el comportamiento demencial de sus amigos, o mejor, el de ustedes mismos…” sentencia Waters en Mis modelos de conducta y esperemos que esta sección contribuya a expandir los consejos del buen John.

A Waters le debemos harto. Sin él la cultura drag nunca se hubiera colado al maistream, no habría exhibicionismo gay, ni cultura trash,  es más, no habría contracultura en su manifestación más reaccionaria.

Porque unos cuantos años antes que los Sex Pistols escandalizaran a La Reina con sus bravuconadas, o los Ramones cantaran ferozmente sobre juventudes inhalando resistol o GG Allin saliera al escenario embarrado de caca, John Waters ya contaba en su currículum con una filmografía sobre personajes anárquicos y terroristas de los convencionalismos bien portados de la clase media gringa esclavizada al consumista sueño americano; antihéroes marginales sin respeto por casi nada, excepto por el placer de transgredirlo casi todo.

Con escenas de una langosta devorándose a una drag con sobrepeso, lesbianas sadomasoquistas adoptando adolescentes criminales y fugitivos, mamás obsesionadas con la limpieza y los asesinatos gore, un trío en el que tercer involucrado es un pollo, Waters fue todo un precursor de la filosofía punk y punk hardcore y punk necro-speed-metal-trash. Actitud DIY en estado crudo.

Waters también dice que en lugar de dirigir películas, escribirá libros. Lleva varios. Uno de ellos es Role Models, traducido al español como Mis modelos de conducta editado por Caja Negra en una irresistible portada rosa diabetes.

¿Qué rayos pasa por la mente de Waters? ¿Qué tuvo que leer o ver o sufrir para filmar la que probablemente sea una de las escenas más perturbadoras en la escena el cine:  la misma drag con sobrepeso, la monumental y legendaria Divine (descubierta por Waters) comiendo caca de perro?

El repaso por las figuras  que conforman los capítulos de Mis modelos de conducta (traducido al español gratamente por la deliciosa editorial Caja Negra) ofrece algunas pistas en su forma de entender el mundo y que derivó en una filmografía polémica, repudiada por muchos, pero indudablemente seminal.

Johnny Mathis, Tennessee Williams, las lesbianas alcohólicas que le servían tragos en los bares gays de su natal e indispensable Baltimore a los que entraba con identificación falsa, pornográfos amateurs que logran convencer a los marines estadounidenses para que se masturben frente a la cámara sin importar su orientación sexual, Rei Kawakubo, la controvertida diseñadora detrás de la carísima marca Comme des Garçons, cuya ropa ha sido descrita como: “cara y diseñada para que quede mal, look sin esperanza, gastado y desaliñado como saldos del Ejército de Salvación”, Leslie Van Houten, la chica miembro del clan de Charles Manson condenada a cadena perpetua por los asesinatos de Tate/LaBianca, al artista Mike Kelley cuyo escultura puede apreciarse en la portada y los interiores del booklet del Dirty de Sonic Youth, son algunos de los personajes que ejercieron una influencia, a todas luces mala, en Waters y que él mismo retrata con con devoto escrutinio y una pluma que jamás reniega de fanatismo y frivolidad que conmueve por su autocrítica honestidad que ve sin miedo a la vejez y la muerte, las fantasías fashionistas alrededor de su funeral son una deliciosamente devastadoras; Waters aprovecha los perfiles que describe para diseccionarse él mismo, sin anestesia.

Por ahí nos enteramos que su icónico bigote no existe, que tan sólo es una línea dibujada con el delineador para ojos Maybelline Expert Eyes, o que fue lo que realmente pasó con el escatológico final de Pink Flamingos, entre otros secretillos que sin darnos cuenta, se van convirtiendo en disertaciones políticas y sobretodo morales. No todo es desmadre Y este libro es una muestra que por cada ocurrencia guarra que atraviesa la mente de Waters, hay un argumento de peso ideológico, una declaración de principios que no dejan indiferente, como sus películas. Sus libros. Y ahora sus shows de stand up.

Porque Waters también dice, que también  por el momento, dejará de lado las cámaras e invertirá su indecente talento en jocosos y embarazosos  shows de stand up. 

Y que para hacerlo aún más pervertido, sus tours arrancan en la cúspide del espíritu navideño, terminando por ahí de la primera semana de enero. Dicen, quienes lo han visto, que su espectáculo de stand up es como si una de tus tías copetonas que suelen atascar su sala-comedor con adornos navideños (a tal grado que pareciera entras a la aldea de Santa Claus con olor a unisel y foamy quemado) te empezaran a contar sobre su color preferido de dildos o más chocante aún, te sirvieran ponche mientras comparten contigo su análisis sobre tamaños, baterías y formas encantadoras de dildos, como el que tiene  forma de la nariz de Rodolfo el Reno con todo y la punta en un rojo nochebuena con luz intermitente según el ritmo de Jingle Bells.

Bienvenidos al mundo de John Waters.

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