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#VansBookClub Hematoma, Yael Weiss

Resulta incierto hablar de letras femeninas en los días post #metoo y las protestas feministas que dejaron un perfecto y electrizante y vandálico memorial hecho a base de grafitis neón sobre el pedestal de El Ángel de la Independencia, frases que expresan el hartazgo de una convivencia atosigada por el acoso masculino y su discapacitada heterosexualidad.

¿Cómo separar la problemática realidad identitaria de las mujeres de la pluma? ¿La creación y la convicción deben ser una simbiosis que legitime el nombre de un artista? ¿Una escritora en este caso?

Las letras de ficción de Yael parecen aportar ciertos rastros de respuestas a tales preguntas inteligentemente disueltas en la complejidad de las convivencias sociales, como ideas directas madurando en formol. Porque Weiss no responde con obviedades mediáticas, resoluciones de fácil digestión que terminan en consignas de aquello que queremos escuchar para evadir la incontenible realidad humana inseparable de obsesiones, paradojas y golpes.

Esto último.

Los cuentos de Yael son madrazos solitarios, como un boxeador haciendo sparring con su sombra, que pueden sentirse como si fueran quirúrgicos cortometrajes de David Cronenberg (en especial Prueba de oido y la que da nombre al libro, Hematoma) que nos confronta con las capas de incorrectas fijaciones que subyacen bajo las populares consignas de equidad y justicia o sororidad.

Existen punzadas femeninas y feministas en el libro de Yael, pero estas se alinean más con la adelantada psicología sci-fi de Octavia Butler, de las primeras mujeres en abordar el género literario de la ciencia ficción quien parte de características consideradas, femeninas, para activar cirugías a las debilidades humanas, con todo y sus convicciones justicieras, que alimentan de formas extrañamente funcionales el avance de las sociedades hacia nuevas convivencias y asfixiantes al ves que divertidos infiernos.

Esas percepción de refracciones hacia las patologías de Cronenberg y Octavia Butler en la literatura breve de Weiss hacen de Hematoma un libro inesperado y casi único —editado por Elefanta y su visionario olfato literario–, pues pareciera que las letras de las mujeres debieran ampararse en exigentes cuotas de perfección ideológica, en donde hasta la perversión más insana tiene que poseer una justificación de empoderamiento y causa y hasta complicidad con las mujeres.

Yael escribe sobre esas fijaciones que todos cargamos en mayor o menor medida dependiendo de nuestra capacidad de adaptación a las formas sociales y que al final, termina siendo otra clase de fijación: la de la aprobación. Incluso la progresista.

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