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Switched on: Stereolab, por primera vez en México. 10 tracks para entender su laboratorio electropop

Switched on: Stereolab, por primera vez en México. 10 tracks para entender su laboratorio electropop

Wenceslao Bruciaga 24 octubre, 2019

En algún momento, poco antes de que el nuevo milenio nos decepcionara con su tecnología atorada en la ingenuidad y cotidianeidad ralentizada (pensábamos que apenas sonaran las campanas de bienvenida del año 2000 los autos empezarían a volar), la revista Spin colocó a Stereolab como la banda más influyente de los noventa, por encima de lo que podrían ser obviedades, como Radiohead, Nirvana o Massive Attack.

Acaso por la idea que precisamente Stereolab tenía, o tiene, del futuro: un bucle de notas manipuladas por sintetizadores análogos y sampleos de estilo lounge estilizados hasta el desconcierto atemporal.

Stereolab es el combo formado por la inconfundible voz de la francesísima Laetita Sadier (quien aportó el carácter bilingüe franco-sajon) y el británico Time Gane, quienes fundaron un estilo de pop electrónico que involucraba la herencia de la vanguardia musical de lo sesenta como la experimentación lisérgica, el jazz improvisado en alcohol, la música hecha con órganos Moog, Vox y Farfisa (muchas de sus canciones involucran estos nombres), psicodelia y mucha repetición hipnótica robada anárquicamente del krautrock alemán, sobretodo el facturado por CAN, de quienes Stereolab se basaron para formatear sus primeros eps y largos. El combo también incluía la juguetona voz de la australiana Mary Hansen, quién hacía de contrapunto a los estribillos de Sadier, juntas funcionaban como una especie de hélice vocal que imprimían un sello de poético sampler humano inconfundible en el sonido de Stereolab. Lamentablemente, Mary Hansen perdería la vida en un accidente automovilístico en los primeros dosmiles y Stereolab nunca pudo recuperarse sónicamente de esa pérdida. Quienes somos fanáticos, echamos de menos la presencia de Hansen, tanto en los discos posteriores a su muerte como presentaciones en vivo. La armonía vocal de Sadier-Hansen eran como un performance yuxtapuesto a la orquesta. Una delicia de espectáculo.

Pero además, la fama de Stereolab se fermentó por los nerdazos de sus integrantes, obsesionados con los manifiestos ideológicos de influyentes movimientos políticos, como el surrealismo, el situacionismo francés, la estética marxista o los postulados anarcocomunistas de la Angry Brigade o brigada iracunda, la legendaria guerrilla urbana británica que desataban el desmadre con sus atentados a bancos, tiendas departamentales, embajadas o cualquier símbolo arquitectónico que reafirmara el sistema capitalista. Para muchos de los que crecimos escuchando a Stereolab durante todos los noventa, no sólo fue una adicción musical saturada de sonidos envolventes. También nos incitaba a leer a autores y filósofos que pretendían cambiar la desigual estabilidad del mundo mediante posturas de radicalidad lúdica, y lo más curioso, sin nunca enemistarse con la accesibilidad del pop. Al final, Stereolab es una banda de electropop que a excepción de sus momentos de clavadez, son fáciles de escuchar, sobretodo por sus peculiares incursiones a los pegadizos ritmos del easy-listening, el lounge más obvio, jazz latino, la tropicalia, bossanova, hip-hop o trip hop y hasta drum and bass.

El festival Hipnosis, hoy por hoy, el punto de encuentro más efervescentes del rock piscodélico en México, puso como headliner de su edición 2019 a Stereolab, a propósito de un reencuentro después de una década de permanecer en coma mientras se dedicaban a sus proyectos individuales, acompañado de la fetichista reedición de su discografía tanto en vinilo como disco compacto. Stereolab pisa por primera vez tierras aztecas. Estarán cerrando el line-up en Huixquilucan pero además darán un concierto cerrado en el Foro Indie Rocks el jueves 24 de octubre y para quienes no están muy familiarizados, aquí van unos tracks de lo que, para mi, son los sonidos que resumen su carrera a lo largo de casi 20 años de llevar el electropop al infinito y de regreso.

Cuando Stereolab parecían los nietos nerds de Can:

Un gran momento en vivo en el que salta la devoción de Stereolab por la vanguardia musical de los sesenta, como aquella propuesta por el compositor John Cage. En primer plano, la inolvidable Mary Hansen.


Stereolab es una banda fatalmente obsesionada con el formato de los sencillos. Este track puede conseguirse en compilaciones pues sólo fue lanzado en 45 pulgadas. Y botón de muestra de su pegajoso lado pop

Simplemente un clásico de su destreza

Stereolab es como el Jame Joyce del rock alternativo: citados por muchos pero escuchado por pocos. Definitivamente no es una banda de éxitos radiales, pero quizás éste sea su track que más ha viajado en las listas de popularidad. También es de sus letras más emblemáticas, una crítica a los ciclos de producción capitalista que arrasan con todo a favor de las ganancias económicas

Su paso por lo que bien podría ser hip-hop experimental

Otros de sus “grandes éxitos” que combina postura ideológica y secuencias pop

Un ejemplo de la obsesión tradicionalmente, pero pop llevada al extremo radical

La madurez de una filosofía sónica. También de las últimas presentaciones en vivo de Mary Hansen

Un manifiesto sobre el fin de la música que también sería el último trabajo de estudio de la banda

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