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Flashazos del Hipnosis 2019

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Flashazos del Hipnosis 2019

Wenceslao Bruciaga 1 noviembre, 2019

Marlon de Aquino y Wenceslao Bruciaga se lanzaron a cubrir el Hipnosis.

Apenas van bajando.

Fotos por Jessie Rebollar y Sara Fajardo.

¿Cuántas horas se necesitan para escaparse de la rutina citadina y del smog? No más de una hora, tomando a consideración el punto de partida de una zona céntrica de la CDMX.

Y el clima otoñal que en México suele ser un desastre vial dado que a pesar de las décadas, la capital no entiende que se debe invertir en una infraestructura que soporte las lluvias que inundan sus calles y esto siempre es un agravante cuando se tiene que decidir ir a la sede del festival de psicodelia más importante de México.

Sí, llegar al venue de Restaurante Las Caballerizas en Huixquilucan pareció todo un trip para quien está acostumbrado a festivales dentro de la ciudad, pero eso es un punto muy a favor de Hipnosis: el escape. Un spot rodeado de naturaleza y clima frío para disfrutar de psicodelia y stoner.

Aunque en efecto, se requiere de una férrea convicción por la música de paisajes lisérgicos para emprender esta peregrinación hipnótica que al final, tiene su recompensa religiosa.

Desde la entrada general se sentía el vibe, pues algunos locatarios aprovecharon para vender pulque. Nada mal para abrir garganta antes de entrar y sentirse parte del contexto sin importar la lluvia constante.

La interacción con el frío estimulaba a entrar en calor como cosaco deprimido, para de algún modo, entrar en la temperatura y estado necesario que permitiera conectar con los riffs que incitaban a una alteración de los sentidos. En otras palabras: a ponerse hasta la madre entre los árboles.

Quien no fue bien preparado, seguramente la sufrió; aquí en Since66 nos lanzamos bien armados para el clima extremo y empezar la aventura con Crumb.

Preciso, así estuvo el set de Crumb quienes tocaron hicieron un buen mix de su repertorio junto con material nuevo. 4 canciones frescas para el Hipnosis y que sirvieron como un buen warm up. Una vez concluido, hicimos recorrido dentro del “pequeño” perímetro del festival, pero que estaba bien distribuido.

El escenario Abducción x Vans hosteó a diversos DJ sets para amenizar el food court.

Si bien el acto más esperado era Stereolab que por primera vez ofrecía un recital en México cargado de ondulaciones espaciales y consignas marxistas, una de las afortunadas sorpresas fueron Uncle Acid que evocaban ensoñaciones a los momentos más pirados de los Monkeys, en su etapa cuando hartos de que los acusaran de falsos y prefabricados, se concentraron en tocar sus instrumentos de forma desorientadamente prodigiosa. Sin conocer mucho de ellos, sus coros eran envolventes.

Para su servidor, el mejor spot fue en la colina donde había muebles hechos de pallets debajo de un árbol. Toda una guarida para visualizar todo el terreno de campo y con vista preferencial al escenario principal.

La ventaja de festivales como el Hipnosis es que cualquier punto es bueno para dejarse viajar porque su selección musical no es precisamente visual, aunque las animaciones ayudan a estimular las sensaciones, uno puede echarse un empujoncito desde cualquier punto y permitir que la música te llegue con ciertas adulteraciones sónicas. O es lo que yo hice desde el rincón más despistado, darle unos jalones al popper justo cuando el proyecto de Claypool Lennon Delirium salieron al escenario, el cerebro detrás de Primus y el primogénito del heróico Beatle y la más valiente Ono en un número que conjunta las fantasía retorcidas de Les Claypool (aunque más dosificadas de cuando se enfrasca con Primus) con los homenajes groovys de Sean Lennon a su padre con mucha instrumentación proveniente del Sargent Pepper y el Yellow Submarine. La mezcla es quizás sonoramente literal, demasiado evidente cuando en las rolas resaltaba los traumas de Primus y la irrupción nostálgica de la invasión británica muy orgullosa del descubrimiento del lsd, pero esto no es algo necesariamente malo, con las sustancia adecuadas. Fue como una pervertida terapia de grupo en dónde hablábamos hacía nuestras padres mientras escuchaban a los Beatles, o esa experiencia me daba el calambre cerebral que traía.

Se respiraba mucha expectativa por los japoneses de Kikagaku Moyo que aunque bien plantados frente a una enorme pantalla de televisión de bulbos acaparando el backstage, en un claro compromiso por revalorar el pasado y los orígenes del rock psicodélico, en lo personal, el lugar común de sus cabelleras me desesperaban por la obviedad de su compromiso retro y me parecieron complacientes a la hora de entender la psicodelia, muy atorados entre Tame Impala y los Black Angels. Hubiera estado chido que en su revisión vintage incluyeran algo de la Señorita Cometa.

Desde luego, Stereolab dio cátedra de lo que según los críticos clavadazo debe ser el post-rock, el electropop de vanguardia, la tropicalia lisérgica, el jazz alterado por el motorik, o cualquier categoría rebuscada para ubicar una legendaria que flota a través del tiempo por mérito propia. Probablemente Stereolab haya descifrado el sonido de la velocidad de la luz mucho antes que la ciencia con humanos viajando a través del tiempo.

El cierre del escenario principal no pudo haber estado mejor que con Fu Manchu. Padrinos del stoner que dieron cátedra de como una línea de bajo puede sonar cruda, subirle a los amplis e incitar a un mosh pit a pesar del cansancio y lodo.

Y si, Fu Manchu fue como un asalto de crudeza sofistacada a prueba del tiempo.

Nos dimos cuenta que Hipnosis se tenía que disfrutarlo bien acompañado (como se quiera interpretar si con amigos para echar el joint o alguien para abrazar) porque el ambiente lo exige.

Los shout outs se los llevaron Bob Mustachio quien fue el encargado de darle vida visualmente al escenario principal y Alma Negra Café por rifarse con esos cafés bien ad-hoc.

Al final Wences y MJ no estuvieron juntos y lo único que los unió fue el lodo, un sábado con buenos vibes y el cambio de horario.

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