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#VansBookClub Aburrida en Bouveret, Alejandra Maldonado

#VansBookClub Aburrida en Bouveret, Alejandra Maldonado

Wenceslao Bruciaga 29 agosto, 2020

Aburrida en Bouveret salió por primera vez en 2005 con una portada que era un viaje lisérgico en loop autoconceptual bajo el sello de la editorial de culto Moho, con Yolanda Martínez y Guillermo Fadanelli al timón de ese acumulado de textos maliciosos, border y geniales en rapidez violenta.

Aquel libro debut de la Maldonado reunía una colección de 17 cuentos cortos que no se tentaban el pudor al estampar la sed y autodestrucción, prácticamente 15 años antes que el empoderamiento femenino se convirtiera en un reactivación cultural propicia al efecto mediático. La consistencia del libro se sostenía en una erótica marginalidad bastante influenciada por el hedonismo remixeado y pre-nuclear de la cultura rave y la violencia de la filosofía punk en su desdoblamiento hardcore. Como canciones de un minuto y 30 segundos. He ahí una de sus grandes aciertos: la hiperventilada rapidez en su lectura. Lo que tambien funciona como brevario generacional. Las crudas de los cuentos de Maldonado también son las resacas de la generación X a la que poco sorprende los vertiginosos saltos tecnológicos.

Porque lejos de abusar de los clichés del panorama underground, Maldonado captura sus habitantes en una justa, cruel pero sobretodo, real dimensión. No por llorones los hombres cisgéneros dejar de ser unos culeros, ni las mujeres son impolutas en su vulnerabilidad; tampoco los gays son (somos) una minoría pulcra por las discriminación, o los papás son villanos tan sólo por responder a una jerarquía patriarcal. El cuento que da título al libro, es un retrato familiar en seco, sin chantajes sentimentaloides que buscan llevar al lector al cómodo sofá de la empatía condescendiente.

15 años después, Aburrida en Bouveret, sale reeditada bajo la nueva perspectiva de la Agencia Literaria VF (y disponible el plataformas digitales) en una época donde la olas ideológicas anulan el salvajismo de las posturas antes la vida, simplificando a las personas a símbolos de purificación hipócrita, y de las que Maldonado sale bien librada gracias al minimalismo confesional con el que narra las historias, dejando claro que su pluma no tiene la indulgente propulsión de hacerse de un compromiso alguno con las causas sociales tan sólo para darse un sentido de integración. Este libro de cuentos podría confundirse con un dejo displiciente y quizás un poco frívolo, pero ese es su encanto: no hay culpables machistas. Las consecuencias de los excesos en el libro de Maldonado detrás de las fiestas, los viajes, las crudas de sexo incómodo pero inevitable, no pretendían dejar moralejas sobre la disparidad de género. Mucho menos convertirse en una guía reivindicativa sobre nuevos feminismos escritos desde la autoficción.

Un muy bien escrito y profundo respiro a contracorriente en una época donde la mayoría de los relatos escritos por mujeres con recursos de autoficción, suelen incluir cortes de denuncia que no siempre se leen con realidad pero si con urgencia de sentirse integrados a una fila bendecida por la conciencia.

Hasta antes de la pandemia por el Covid19, decir que no tenías tiempo para nada, ni para aburrirte, eran línes de integración social con la cual ganarte respeto. Ahí radica el tino de volver a publicar Aburrida en Bouveret en estos días, en el arrojo que se necesita para admitir que se está aburrido en un mundo sobreestimulado por discursos de realización personal, éxitos progresista, y egos distorsionados por la fantasía de loa algoritmos.

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