Escribe para buscar

#VansBookClub El vampiro de la Colonia Roma, Luis Zapata

#VansBookClub El vampiro de la Colonia Roma, Luis Zapata

Wenceslao Bruciaga 5 noviembre, 2020

El 4 de noviembre murió Luis Zapata. Apenas el año pasado, México le hizo justicia organizando diversos eventos culturales en celebración por los 40 años de la publicación de El Vampiro de la Colonia Roma. Hecho inédito en un pais tan mocho y represivo como el nuestro. Del que ni la élite se salva. Cuando El Vampiro vio la luz al final de la imprenta, Juan Rulfo se le fue a las patadas sin siquiera leerlo. Por lo visto, que un homosexual tuviera una voz orgullosamente masculina y no se conformara al papel de bufón afeminado, lo sacaba de quicio. Con el Vampiro de la Colonia Roma, Luis no sólo arremetió contra la hipócrita moral de la sociedad mexicana, codependiente de las apariencias. Desenmascaró también el machismo de una élite cultural supuestamente abierta y tolerante a la diversidad sexual.

Eso fue lo que hizo grande a Luis. Tener huevos. Mucho más que Carlos Monsiváis al asumir su homosexualidad desafiando las cuotas de poder cultural. De no ser por el flautista Horacio Franco, que puso una bandera del arcoíris en el ataúd durante el homenaje en el Palacio de Bellas Artes, Monsiváis se hubiera llevado “El clóset de cristal” a su tumba. Citando al gran Braulio Peralta. Monsiváis prefirió el poder a desafiar el estatus quo de la homofobia institucional. En cambio, Zapata se fue por la revolución sodomita. Conisguió que las librerías ejercieran de las más efectivas campañas publicitarias: vender su Vampiro de la Colonia Roma sellado al vacío de una morbosa bolsa de plástico pues, al parecer, el simple hecho de hojearla, y leer sobre hombres que tienen sexo con hombres era equivalente a cometer un atentado contra las buenas costumbres del México de finales de los setenta. En la más delciosa tradición de la literatura porno. Pero así era como se entendía la homosexualidad en ese entonces en México: algo que escondar y asfixiar con una bolsa de plástico. Desde luego, lo único que provocó aquel envoltorio fue despertar morbo y expectativas. Al día de hoy se ha vendido casi cien mil ejemplares. Y como siempre sucede en este mundo de aplausos necrófilos que sólo reconocen el talento de los recién fallecidos, con la muerte de Zapata, lo más probale es que el Vampiro vuelva a disparar sus ventas como en los días de su atrevido lanzamiento.

Hay un antes, pero sobretodo, un liberador después de El vampiro de la Colonia Roma. Con su publicación, la homosexualidad mexicana entendió que la capital también era suya, que podía conquistarla a su deseo y antojo y que no había nada de malo en ello por lo cual tuviese que pagar un precio. Del que por sí ya se pagaba. Los policías podían molerte a macanazos por el simple hecho de guiñarle el ojo a otro cabrón o verte afeminado. No hablar de la impunidad.

En ese entonces a la capital se le conocía como el DF, había más cines que smog y los baños de los Sanborns eran los Grindrs de la época. Cuando dejé Torreón y arrivé al DF con la closetera certeza de que lo mío eran los hombres, lo primero que hice fue husmear en los baños del Sanborns guiado por la voz de Adonis García, el protagonista de El Vampiro de la Colonia Roma, que a manera de un monólogo proveniente de unas supuestas cintas magnéticas, va narrando sus aventuras como prostituto masculino que spotea las calles de un Distrito Federal en plena caida rumbo a la crisis, debido a las pésima decisiones economicas del recién salido Luis Echeverría Álvarez; de algún modo, contribuyendo a las bases de ese estilo narrativo tan machacdo sobretodo en el cine: el falso documental. En mi caso y para ese entonces, los mediados de los noventa, la acción gay sucedía en los baños del Sanborns del Paseo de la Reforma y Lieja, frente al Cine Chapultepece. Hoy sepultado por el edificio de BBVA.

Adonis Existió. Fue amigo de Luis y su sobrenombre verdadero era Osiris Pérez. Prosituto profesional. De sus conversaciones con Osiris grabadas en cintas magnéticas surgió El Vampiro. Además del revuelo y escándalo por narrar escenas de sexo entre hombres sin metáforas de arrepentimientos aún cuando Adonis pescaba uno que otro chancro por ahí, la novela era disruptora con el propio lenguaje, escrito con sagaz humor e inesperada experimentación homoerótica. No creo exagerar al decir que su jugueteo lingüistico, su habilidad para inventarse palabras con pleno conocimiento de las reglas del castellano en sincretismo con los arraigos chilangos, lo ponen en el mismo desafiante nivel que William Burroughs.

Desde luego no fue la única novela de Zapata. Su tecla fue prolífica. Probablemente La hermana secreta de Amgélica María pero sobretodo En Jirones, tengan un mejor cuidado narrativo como consecuencia de la madurez que otorga el hábito de escribir. Después de todo, Luis tenía 28 años cuando El Vampiro escandalizó a México. Pero esta novela desdobla lo literario. Inspiró de orgullo los movimientos lgbt de la época que empezaban a organizarse y cobrar fuerzas para confrontar a las autoridades que concebían a la diversidad un delito merecedor de castigo como la extorsión o la cárcel.

A Luis Zapata le debemos mucho. Incluso los bugas. Ningún texto y homenaje será suficiente agradecimiento.

Foto: Ernesto Reséndiz Oikión

Tags: