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#VansBookClub Mantén La Música Maldita de Carlos Velázquez

La música es lo único que queda, nunca traiciona. Nunca se acaba como a diferencia de algunas cosas en la vida como la familia, amigos, relaciones amorosas e inclusive cosas materiales. La música no, siempre está ahí esperando por uno a través de un disco, una canción y hoy en día hasta en streaming para brindar cobijo y terapia. Carlos Velázquez entiende este punto a la perfección y en su más reciente libro Mantén La Música Maldita explica por qué.

Este libro editado por Sexto Piso, es un compilado de crónicas donde el eje rector es la música en los diferentes momentos en la vida de Carlos. Comparte cómo la música es su pasión principal, su fuente de inspiración al escribir y su compañero indomable de experiencias durante conciertos, festivales y entrevistas. Parece interesante como el oriundo de Torreón no es un músico, pero sí un melómano empedernido que logra con Mantén La Música Maldita una especie de disco punk. Rápido, concreto, sucio pero al mismo tiempo personal, honesto, auténtico y sin censura.

El lagunero hace una especie de terapia introspectiva al relatar sus primeros acercamientos con la música bajo un contexto noventero y en una ciudad secundaria; hurtar, robar, pedir prestado y armar mixtapes formaron parte de esos rituales necesarios para saciar su ansiedad. Bien lo dice en algún pasaje “La música es una droga. Un melómano es un ser despreciable”.

Vaya que consumir la música es todo un ritual. Requiere de una metodología, más cuando se tiene el disco físico -ya sea en vinilo, CD, cassette-, hay que escucharlo de corrido y disfrutar del arte tangible. Algo que no tiene el streaming y es ahí cuando Carlos hace énfasis en que su literatura de cabecera es la de los booklets, las letras de las canciones y no es para menos. Si uno se pone a reflexionar en este punto, los músicos y las bandas se convierten en la mejor filosofía contemporánea (algo en que suscribo 100%).

Resulta seductor la forma en que está escrito el libro. Una escritura cero pretenciosa y puntual al momento de contar cada una de las crónicas. A pesar de sus borracheras y atasques en la mayoría, tiene la capacidad para recordar esa sensación ante todo tipo de experiencias con la música. De manera implícita, deja ver ese poder único que tiene la música con su infinidad de vibraciones sonoras y hasta esas situaciones grises que surgen en este mundo, como la desintegración de una banda que pega como una ruptura amorosa para el melómano.

Siguiendo mi idea de que este libro es una especie de álbum punk, lo es porque Carlos se da cuenta que ha crecido, entiende que apesta ponerse borracheras nivel diablo -que hasta cierto punto son necesarias- y sufre por la melancolía de la cancelación masiva de conciertos gracias al COVID World Tour como él lo denomina. Es honesto en cada uno de los capítulos -tracks- porque justo como menciona en una anécdota donde alguien le sugiere inventar una crónica, Carlos se niega por el nivel ético-profesional con el periodismo musical.

Desde mi punto de vista, Carlos mete un golazo inesperado con Mantén La Música Maldita porque rompe con su idea que tiene en alguna parte del libro: “Parece que perder se ha vuelto la constante en mi vida. Perder mujeres, discos, drogas”, todo lo contrario, atrae la atención al momento de leer y crea un sentimiento empático moral -justificado- con relación a todas sus experiencias. Al final, si no hubiera pasado por esa montaña rusa de crudas, vuelos perdidos, presentaciones de libro canceladas, peleas o dolores estomacales, no hubiera salido este libro. Aquí aplica perfecto el grito Ramone de “Hey, Ho, Let’s Go!”.

*Fotos del FB de Carlos Velázquez

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