LOADING

Escribe para buscar

#VansBookClub David Byrne: Cómo Funciona la música Editorial Sexto Piso

Antes de escribir, digamos, de manera más o menos “seria”, trabajé de mesero y luego regenteando aquel restaurante ubicado bajo el único y gran faro de La Marina de Cabo San Lucas. Emprendía el camino a pie, desde casa hasta los escalones que conducían a la enorme cocina. A veces, los gerentes de los locales aledaños al faro me veían bajo los primeros rayos del sol y me pitaban en señal de un aventón, oferta a la que siempre me negué. No por grosería. Los ritmos restauranteros son absorbentes y casi inagotables, luego entonces, las mañanas terminaban siendo esas horas en los que podía disfrutar de los pormenores de un disco completo. En ese entonces, Los Cabos era un destino sofisticado, pero básico. Doce tiendas de bikinis, doce tiendas con docenas de variedades de bronceadores y sólo dos tiendas de discos con muy poca variedad de títulos. Creo lo más alternativo que tenían eran cosas de Nickelblack o The Rasmus. Así que cuando vi la compilación Hits de Pulp, lo compré a ciegas y era el compacto que me daba en esas caminatas mañaneras rumbo al trabajo. El último en el rubro gastronómico. Luego entré a Milenio y otra historia empezó a escribirse.

Hoy, es el día en el  que pongo Babies o Razzmatazz de Pulp, y mi cerebro sigue reproduciendo aquella avenida en picada, siempre asoleada y con el imponente Pacífico al final de todo, con esos lujosos yates yendo y viniendo y las montañas adornando el cuadro. No sólo eso, casi puedo percibir los olores a tierra regada de las casas con gallinas y cerdos, el pan recién hecho o las carretas de los pescadores ofreciendo el catch of the day a precios de gloria.

¿Cuántas veces nos ha pasado que una canción de tres minutos, segundos más, segundos menos, nos remite a un momento específico, un escenario y hasta un olor específico? ¿Porqué pasa esto?

“Ya en mis inicios, no obstante, me di cuenta de que la misma música puesta en un contexto diferente puede cambiar no solo la manera en que el oyente la percibe, sino que puede también darle un significado enteramente nuevo. Según dónde la oigas — en una sala de conciertos o en la calle— o cuál sea la intención, la misma pieza musical puede resultar una intromisión molesta, desagradable y ultrajante, o puede hacerte bailar. Cómo —o cómo no— funciona la música depende no solo de lo que es aisladamente (si se puede decir que tal condición existe), sino en gran parte de lo que la rodea, de dónde y cuándo la escuchas, de cómo es ejecutada o reproducida, de cómo se vende y se distribuye, de cómo está grabada, de quién la interpreta, de con quién la escuchas, y finalmente, por supuesto, de cómo suena: estas son las cosas que determinan si una pieza musical funciona —si logra lo que se propone conseguir— y qué es…”

David Byrne no sólo nos da una respuesta. Sino varias hipótesis de Cómo funciona la música, (Sexto Piso, 2014) en un libro que llega a estatus de indispensable para los melómanos que no sólo se conforman con la libido de las canciones.

No se espanten, los fanáticos de Talking Heads también son bienvenidos.

A diferencia de otros libros escritos por leyendas vivientes del rock, el de Byrne, además de acomodarse con soberbia en la categoría de autobiografía, también se hace de un más que digno lugar en la sección de divulgación científica, y es aquí cuando el libro se desdobla a otras maravillas igual de envolventes.

Cómo funciona la música demuestra que la inteligencia de Byrne no termina en su mandato de esa brutalidad seminal para el rock que significaron los Talking Heads, su capacidad de la palabra es otro gran talento; en el libro, fluido como la canción más pulsante y pegajosa del Speaking in tongues, escribe párrafos que hilvanan el audio del legendario CBGB´s con la acústica de los salones de baile country de Nashville y de ahí salta a los redobles africanos para explicar el impacto de los golpeteos rítmicos en el cuerpo humano a niveles orgánicos y de ahí incorpora la música en la evolución del hombre, y estos ensayos no sacrifican en absoluto las anécdotas indispensables en cualquier libro escrito por un rockstar.

Byrne domina el oficio de la música con la misma intensidad intelectual que un Brian Eno o Peter Gabriel, pero además, posee una sensibilidad muy bien elaborada por los abordajes sociológicos y científicos y esto lo lleva a hacer una espléndida combinación de aventuras rockanrolleras que todos esperamos escuchar, como niños sentados alrededor de la silla, con explicaciones de carácter divulgatorio más sanas dosis de neurosciencias, sin caer en lo académico, es decir, aburrido.

Algo así como un electrificante híbrido entre un artículo de la Muy Interesante y las bitácoras de viaje de Hunter S. Thompson o David Foster Wallaem cuando la Rolling Stone era la cúspide del periodismo musical y narrativo.

Todo esto, para construir teorías sobre el impacto de la música en nuestro cerebro, que al final, es el órgano que maniobra nuestros gustos y emociones y pasos de baile y por eso, cuando tu ex te manda a la chingada, ciertas canciones te hace más daño que otras, pues como explica Byrne:

“La música es intangible, existe solo en el momento en que es aprehendida, pero aun así puede alterar profundamente nuestra manera de ver el mundo y nuestro lugar en él. La música puede ayudarnos a superar momentos difíciles de la vida, cambiando no solo cómo nos sentimos por dentro, sino también cómo sentimos todo lo que nos rodea. Es muy poderosa…”

Tags: